Archive for 31 octubre 2007

Xenofobia

octubre 31, 2007

odio1.jpgSe define como odio. Como repugnancia. Como hostilidad. Todo, hacia el extranjero. En primera persona sería: Odio al extranjero, Me repugna el extranjero, El extranjero merece mi hostilidad. ¿Podrá una mente ser más pequeña que esta? La xenofobia debe incluir en su definición una disfunción cognitiva. Una merma de la capacidad de pensar. No puede ser de humanos. En la xenofobia, qué duda cabe, hay una enorme porción animal. Irracional. Todo parte del hecho de que es, de hecho, un accidente el lugar donde se nace. Tanto como los padres y hermanos que se tienen. Pudo haber sido de otra manera. Así que, para comenzar, ¿el otro, por qué ser extranjero, si mi presencia aquí es accidente? De alguna, se es extranjero en tanto se llega a un lugar, donde después se cree dueño de haber nacido ahí. El xenófobo es una lástima de ser que cree poderse abstraer de la otredad. Cree poder obviar al otro. Dicho al revés, su pequeña mente cree que no existe más que sí mismo. Y en realidad a nadie le pertenece el suelo que se pisa. ¿A quién? Uno vive donde se le venga en gana. Las fronteras son ficción. Y todo esto opera en Colombia, España, Japón o Sudáfrica. Ya se ve. El xenófobo necesita ayuda.

Reunión

octubre 17, 2007

reunion.jpgY se dan importancia. Dicen estar en reunión. Hacen como si eso fuera lo máximo. Orgásmico. Como si la vida humana fuera menos, porque la suya es una reunión. Y si no está en reunión va a estar o viene de reunión. Mañana estará muy ocupado: reunión tras reunión. A nadie escucha, a nadie presta atención: está en reunión. ¿Prepara la reunión? No. Parece que nunca hace nada distinto a reunirse. No lee. No consulta. No medita. No se lava las manos. Toma todas sus decisiones en una reunión. O toma varias decisiones en cada reunión. O toma una decisión de reunión en reunión. Sí. Él, o ella. Son importantes. Por eso, salen de una reunión, y entran a otra reunión. Piden sándwiches porque se alargó la reunión. Llegan tarde a casa porque estaban en reunión. Y tienen que madrugar a una reunión. No disponen de tiempo para contestar el teléfono, para saludar a nadie: ¡la reunión! La secretaria dice con orgullo: “Está en reunión”, “Tal vez no alcance a atenderlo, porque sale a una reunión”, “Tiene que esperarlo, porque no ha llegado de una reunión”, “Mañana no es posible, porque estará en reunión”, “Toda la semana está en reunión, preparando el informe para la reunión”. Y entonces, ¿a qué horas trabajan?

Tropiezo

octubre 10, 2007

tropiezo.JPGQuizás sí. Están destinados. Quizás están destinados. Lo están, seguramente. Surgen de la nada. Aparecen de pronto. Su presencia cumple un objetivo. Un único objetivo. Un objetivo específico. Un destino. Están para ser tropiezo. Sus vidas no tienen más función. Viven para ser tropiezo. Solo aparecen y te tropiezan. Te tropiezan y se van. Nunca antes los habías visto. Nunca después los verás. Y tú creías la meta cerca. Creías que lo tuyo se cumplía. Pero no era así. Saltan a tu existencia aquellos destinados a tropiezo. Y te tropiezan. Y tu meta ya no es. Y aquel se va. Y quedas tú, solo. Solo tú, con tu meta sin cumplir. Viendo un chispero. Enrabiado. Enfurecido. Con deseos de matar. Con ganas de aniquilar al destinado. Al tropiezo. Con deseos de hacerlo papilla. De desaparecerlo. Pero ya es tarde. Ya te tropezó. Y si lo matas, el destinado completará, redondo, su destino. Porque te volverá a tropezar. Y tropezarte dos veces es para él el clímax. Y para ti el final. Irías, quizás, a la cárcel. Quedarías preso. Te señalarían. No dirían que mataste al tropiezo. Porque solo tú lo entenderías. Solo tú lo sabrías. Para ti, mataste al tropiezo. Para los demás no. El tropiezo se volvería, tal vez, héroe para los demás. Rechinar de dientes. Tropiezo y héroe. No. Eso es demasiado. No puedes caer tan bajo. Entonces debes aceptar la realidad. Aceptar los hechos. Y los hechos son claros. Únicos. No permiten lucubrar. Perdiste la meta. Eso es todo. O quizás el tropiezo te está diciendo que esa no era tu meta. Entonces, en lugar de matarlo, hacerlo papilla, deberías agradecerle. Sí. Agradecerle. Gracias, señor tropiezo. O señora tropiezo. Y ese chispero que ves, es la luz que se hace en tu conciencia. La luz que te haga comprender que, en realidad, habías errado la meta. Y aquel no es tropiezo. Aquel te está ayudando a cumplir tu meta. Pero no esa que creías. Sino otra. Otra es tu meta. No esa.